Competencia

0 Posted by - 20 agosto, 2014 - Danza

La competencia no es con los demás, la verdadera competencia es con uno mismo.” Mauricio Nava.

TEXTO: Cynthia A. M. Shmulkovsky

Conforme vamos creciendo en la danza, desarrollamos nuestras capacidades, vencemos barreras y poco a poco vamos alcanzando nuestro sueño, nos damos cuenta que el gremio es muy competitivo, tanto que en ocasiones nos podemos encontrar con una competencia sana y en otras no tanto.

Sin duda, todos formamos parte de esa competencia, en mayor o menor medida. Dependiendo de nuestro carácter, nuestra seguridad o simplemente de nuestras ideas en cuanto a la danza y lo que queremos de ella, podemos pensar en dar un paso más al acercamiento de nuestro objetivo y buscamos un concurso o competencia para inscribirnos con el fin de obtener ya sea reconocimiento, ganar un premio o comparar nuestro nivel con el de los demás bailarines (entre otras razones un tanto irrazonables).

Entrar a un concurso es todo un proceso que en ocasiones no tomamos en cuenta o pensamos que no importa. No todo gira alrededor de mostrarnos en el escenario y el momento de la premiación, se trata de ir aprendiendo de cada etapa en la que nos vamos sumergiendo y por supuesto que ese proceso no termina al cerrar el telón.

Desde el instante en el que pensamos inscribirnos, en el que decidimos hacerlo, de la función y de llegar a casa después de haberlo dado todo, nos vamos llenando de aprendizaje que no se adquiere fácilmente pues nos enfrentamos al límite de tiempo para crear o remontar una coreografía, para ensayar y “limpiar” el movimiento, a la elección de vestuario, maquillaje y en su caso elementos de producción, elegir música, editarla y cuidar cada parte del montaje, entre muchas otras cosas. Es todo un reto que se acepta teniendo seguridad de lo que sabemos hacer y de lo que somos capaces.

Antes, durante y después del concurso debemos estar en una constante reflexión que nos ayude a comprender el verdadero por qué de mi decisión al inscribirme. Probablemente nos sorprendamos, pues el móvil principal de la mayoría de los bailarines al entrar a este tipo de concursos (como bien menciono al inicio) es buscar reconocimiento y conseguir un premio que nos permita seguir desarrollándonos y avanzando. No debemos olvidar que todos somos diferentes y de la misma forma nuestra danza también es diferente a la de los demás, ninguna es mejor o peor y por supuesto que no se demerita el trabajo de nadie, simplemente para todo hay gusto y cada uno tenemos un lugar en la danza pues sin duda estamos en una constante cacería de oportunidades que nos llegan en el momento preciso.

Es por eso que al llevar a cabo la reflexión nos daremos cuenta que podemos ir más allá de esas superficialidades que duran un instante pero que la búsqueda y profundización en lo que hacemos nos dará pie a seguir encontrando motores que nos permitan seguir adelante, caminando a nuestro paso, nuestra velocidad y creando un trabajo honesto que siga los ideales que tenemos sin perder de vista lo que queremos conseguir.

Estaba lista, en cualquier momento comenzaría el concurso. Tenía dos opciones y no bailar la había dejado atrás. Pasaban uno a uno, nunca se escucharon aplausos pues estaban prohibidos por el concurso. Había llegado el momento, no debía temer, pasara lo que pasara ella iba a bailar. Comenzó a hacerlo con mucha adrenalina corriendo por sus venas, el estómago había pasado de ser un manojo de náuseas a una explosión de nervios, el tiempo corría, sólo tenía dos minutos para mostrarse, ahí estaba, sola, con las luces en ella como tanto le gustaba sentir, el escenario no se la tragaría, de pronto se sintió sonriendo, disfrutando, que importaba si se había sentido mal, si era una chica insegura, que importaban todas esas cosas que la hacían sentir en un vacío si ahí, justo en ese instante había logrado ser ella, remplazando cualquier malestar por demostrar la fortaleza que ni ella misma sabía que tenía. Terminaron los dos minutos y ella salió con una enorme sonrisa, satisfecha y feliz por el trabajo que acababa de mostrar, “todo ha valido la pena”: pensó.

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